dpa - Firmada

Alemania revive su memoria histórica sobre el Holocausto

25.05.2026, 11:35

Por Christoph Driessen (dpa)

El 6 de junio de 1986, hace ahora 40 años, el historiador Ernst Nolte inició con un artículo de opinión en la prensa lo que se transformaría en un intenso debate político e intelectual en Alemania: ¿fue el genocidio nazi de los judíos un episodio único en la historia?

En su editorial, titulado "Un pasado que no quiere desaparecer", Nolte se refería a los crímenes nazis "como una espada de Damocles" que pendía sobre Alemania, pese a que, en su opinión, el Holocausto no había sido una excepción en la historia, salvo por "el proceso técnico del gaseamiento". Y alegaba que por ejemplo el dictador soviético Stalin había internado y asesinado a millones de personas en campos de concentración en su intento de "exterminar a la burguesía".

Un mes después llegó la respuesta del filósofo Jürgen Habermas (fallecido en marzo pasado, a los 96 años) en otro artículo en el semanario "Die Zeit", en el que reprochó a Nolte que cuestionara la "singularidad" de los crímenes nazis, reduciendo el campo de exterminio de Auschwitz "a una innovación técnica".

Un "patriotismo constitucional"

Habermas defendía allí como único patriotismo admisible en Alemania un patriotismo constitucional, es decir, el orgullo por la democracia y el Estado de derecho.

A esta declaración del famoso intelectual de izquierdas reaccionaron a su vez otros científicos y periodistas, en lo que se conoció como la "disputa de los historiadores" (Historikerstreit, en alemán).

La intensidad de la misma se explica también por el hecho de que, en aquel entonces, muchos alemanes de izquierdas temían una ola conservadora, desencadenada por el "giro espiritual y moral" anunciado en 1982 por el canciller democristiano Helmut Kohl. A posteriori, el temor resultó infundado: Kohl era todo menos un nacionalista, hoy se lo considera un gran europeísta. 

Con la perspectiva del tiempo y más debates en los años noventa, es indiscutible que en la agria polémica se impuso el bando de Habermas. La convicción que se fue forjando gradualmente fue que aunque a lo largo de la historia ha habido muchos genocidios terribles, el asesinato industrial y generalizado de seis millones de personas simplemente por ser judías no tiene parangón en la historia.

Esta visión pasó a formar parte de la identidad alemana y del consenso básico de los demócratas germanos.

Nuevas críticas, tanto de la derecha como de la izquierda

Sin embargo, hoy en día se producen nuevos cuestionamientos, tanto desde la derecha como de la izquierda. Los críticos de la derecha son, en su mayoría, populistas y extremistas de derecha alemanes. Es emblemática la conocida frase del antiguo portavoz federal del partido Alternativa para Alemania (AfD), Alexander Gauland, según la cual Hitler y los nazis son "solo una cagada de pájaro en más de 1.000 años de exitosa historia alemana".

A menudo se habla de un "culto a la culpa" que condena a Alemania a una autoflagelación constante y que, de este modo, pretende mantenerla en un segundo plano.

La crítica de la izquierda es más compleja e internacional, y considera el Holocausto en el mismo plano que los crímenes del colonialismo, que ocupan un lugar central en el interés histórico de muchos países del mundo. Así, las Naciones Unidas han calificado este año la trata de esclavos como "el crimen más grave contra la humanidad".

La culpa como dogma

Un debate de 2021 ha sido incluso calificado como la "Segunda disputa de los historiadores", desencadenada por el investigador australiano especializado en genocidios Anthony Dirk Moses. En su artículo "El catecismo de los alemanes", criticó que en Alemania se hubiera elevado la singularidad del Holocausto a la categoría de dogma, lo que, según él, restringe ahora la libertad de expresión.

Detrás de ello estaría el afán de los alemanes por presentarse internacionalmente como "buena gente" que ha asumido su oscuro pasado con una franqueza radical. Esto iría acompañado de un apoyo acrítico a Israel, alega.

"Esta hybris (soberbia) moral conduce a la notable situación de que alemanes no judíos sermonean a judíos y judías estadounidenses e israelíes con el dedo índice levantado sobre la cultura conmemorativa correcta y la lealtad a Israel", escribe Moses. 

De hecho, los críticos judíos que acusaron al Gobierno de Benjamín Netanyahu de genocidio durante la guerra de Gaza han sido en ocasiones reprendidos por parte alemana por considerar que se trataba de una acusación exagerada.

Historiador israelí aboga por una cultura del recuerdo más amplia

¿Y entonces, qué? El recuerdo del Holocausto, un crimen sin precedentes en su género, sigue siendo tan importante como siempre en Alemania. Pero, ¿es eso suficiente? No, afirma, entre otros, el historiador Meron Mendel.

Mendel nació y creció en Israel, pero ahora también tiene la nacionalidad alemana, y como director del Centro Educativo Ana Frank en Fráncfort, está en contacto constante con alumnos y alumnas.

"Mi experiencia es que los jóvenes también esperan una oferta positiva con la que identificarse con su país. Y eso debe ser algo más que el patriotismo constitucional de Habermas. Porque por un documento, un papel —por muy importante que sea— solo se pueden sentir cosas de forma muy limitada", asegura en conversación con la agencia dpa.

Mendel propone ampliar la cultura del recuerdo alemana con dos aspectos: la historia de la democracia y de la migración en la República Federal de Alemania, transmitidas de forma ilustrativa a través de acontecimientos y biografías fundamentales. Con ello no se relativiza en modo alguno la memoria del Holocausto.

"Al contrario", dice Mendel. "Si los jóvenes se identifican con nuestra democracia y se sienten orgullosos de ella, sacarán de ahí el valor para no reprimir los aspectos oscuros de nuestro pasado. Y estarán entonces dispuestos a luchar por esta democracia, para que algo así no se repita nunca".