Aniversario

Un año del Gobierno alemán, una alianza sin garantía de continuidad

4.05.2026, 15:10

Por Michael Fischer (dpa)

Friedrich Merz se había propuesto grandes cosas para su mandato como canciller alemán, pero sobre todo, quería una cosa: hacerlo de otra manera que Olaf Scholz y su fallido Gobierno de coalición de centroizquierda.

La recuperación de la capacidad de actuación del Gobierno comenzará "con el fin de la disputa pública permanente", afirmó Merz en enero de 2025, solo un mes antes de la victoria electoral de su Unión Demócrata Cristiana (CDU) en alianza con el partido hermano bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU).

"Es tarea del canciller federal garantizar que las discrepancias en su gabinete se resuelvan internamente y que las decisiones se defiendan luego de forma conjunta ante el exterior".

Pero Merz no ha superado la prueba en la práctica. Tras un año, la coalición entre su CDU, la CSU y el Partido Socialdemócrata (SPD) da una impresión de discordia similar a la que tenían el SPD, el Partido Liberal (FDP) y Los Verdes poco antes de la ruptura de su alianza.

Apenas una semana antes del primer aniversario del llamado Gobierno negro-rojo, el miércoles (6 de mayo), la disputa pública adquirió tintes casi absurdos cuando el canciller y el vicecanciller no se pusieron de acuerdo sobre si el jefe le había gritado a su adjunto o no.

¿Gritos entre ellos?

Durante un acto partidista, el presidente del SPD y vicecanciller, Lars Klingbeil, dijo que como líder del partido no le importaba que le gritasen de vez en cuando cuando se tratase de cuestiones fundamentales.

"Yo no le grito a nadie", replicó Merz. Se refería a la maratoniana sesión de los líderes de la coalición tras Semana Santa, que en realidad debía marcar el inicio de la fase de reformas, pero en la que, en cambio, la coalición se maniobró al borde del abismo.

Entretanto, el Gabinete ha dado al fin el primer paso en un largo camino de reformas con la del sistema de salud. "Sabemos llegar a compromisos y los negociamos", dijo el canciller a continuación. "Aunque a veces, de vez en cuando, las cosas se tambaleen un poco".

"El último cartucho de la democracia", ¿un tiro fallido?

Pero, ante una dramática pérdida de confianza y con las aún más difíciles reformas del impuesto sobre la renta y las pensiones por delante, ¿podrá el Gobierno germano enderezar el rumbo?

Las cifras tras un año de Gobierno federal hablan por sí solas:
si se celebraran elecciones ahora, según todas las encuestas, los conservadores de la alianza CDU/CSU y el SPD ya no tendrían mayoría. En conjunto, los tres partidos de la coalición solo suman entre el 34 % y el 40 %. En las elecciones al Parlamento fueron del 44,9 %.

En la última encuesta ARD-Deutschlandtrend de abril, solo el 15 % se mostraba satisfecho con la labor del Gobierno. El valor más bajo hasta la fecha.

La pérdida de confianza también afecta personalmente al líder: en la escala de popularidad del instituto demoscópico Insa, que incluye a 20 políticos destacados, Merz ocupa el último lugar, muy por detrás de la líder de la oposición Alice Weidel, de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), y de la diputada de La Izquierda Heidi Reichinnek.

En cuatro de cada cinco encuestas realizadas por grandes institutos de sondeos desde mediados de abril, la AfD ha desbancado a la Unión como fuerza más votada, con una ventaja de hasta cuatro puntos porcentuales.

Para una coalición que se propuso frenar el ascenso de la AfD, este último dato resulta especialmente amargo. La alianza entre conservadores y socialdemócratas era el "último cartucho de la democracia", había dicho el presidente de la CSU, Markus Söder, poco después de las elecciones generales. Ahora amenaza con convertirse en un tiro fallido.

Problemas desde el principio

¿Cómo ha podido suceder esto? La situación inicial para el Gobierno era, en realidad, favorable. Dado que la alianza populista de izquierda BSW no superó por poco la barrera del 5 %, la CDU/CSU y el SPD no dependían de Los Verdes para formar Gobierno, lo que habría dificultado considerablemente la búsqueda de compromisos.

Además, tenían por delante, en un principio, diez meses sin elecciones regionales. Las mejores condiciones para gobernar con libertad, sin la presión de tener que destacar.

En cambio, el Gobierno se vio sumido en su primera crisis antes incluso de tomar posesión. Merz fracasó en su primer intento de ser elegido canciller. Quedó patente lo escaso que es el margen de doce votos. Un clásico mal comienzo.

Errores técnicos y un otoño sin reformas

A continuación, la coalición se enredó en errores técnicos. La elección de una jueza al respetado Tribunal Constitucional —normalmente un asunto secundario en el funcionamiento parlamentario— se convirtió en una disputa de principios que se prolongó durante meses.

Mientras tanto, las cuestiones centrales de la reforma se delegaron a comisiones: el Estado del bienestar, la salud, las pensiones. El "otoño de las reformas", proclamado precipitadamente, no llegó a materializarse, y se llegó al superaño electoral de 2026 sin haber abordado ninguno de los grandes proyectos.

Y luego llegó también la siguiente guerra

Las primeras elecciones en las regiones de Renania-Palatinado y Baden-Wurtemberg se convirtieron en un doble desastre para el SPD. Los conservadores tampoco salieron indemnes, ya que en Baden-Wurtemberg tuvieron que ceder en los últimos metros la victoria que creía asegurada a Los Verdes.

Y luego, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con los ataques a Irán, provocó además en Alemania y en el mundo una crisis energética que podría desembocar en una crisis económica mundial.

Las cosas no podrían haber ido peor. Dos socios de coalición debilitados deben ahora sacar adelante los grandes proyectos de reforma bajo una enorme presión temporal y económica en el momento decisivo entre las elecciones. Para principios de septiembre, cuando en el estado oriental de Sajonia-Anhalt se decida si la AfD llega al Gobierno por primera vez, deben estar disponibles los resultados.

Merz: "Nadie puede garantizar nada"

En la coalición hay dudas al respecto, que ahora también se expresan abiertamente desde las filas conservadoras. El político de la CDU especializado en economía Christian von Stetten, diputado del Bundestag y presidente del poderoso grupo parlamentario de las pyme, vaticinó recientemente a la coalición que "seguramente no" aguantará los cuatro años completos de la legislatura.

La alianza CDU/CSU y el SPD "al fin y al cabo, simplemente no encajan", sentenció Von Stetten. No se puede decir más claro.

También en las altas esferas de la CDU, las declaraciones de apoyo a la coalición ya no suenan del todo convincentes. El secretario general del partido, Carsten Linnemann, dijo la semana pasada que hay que sacar algo adelante con el SPD. Pero "no a cualquier precio", añadió. "Quiero dejarlo muy claro". Suena a amenaza.

Y el propio canciller, al ser preguntado si podía garantizar la continuidad de la coalición hasta el final de la legislatura, respondió: "Nadie puede garantizar nada".