Segunda Guerra Mundial

Alemania refuerza tareas para eliminar munición obsoleta en mar y tierra

2.05.2026, 10:46

Bombas oxidadas, granadas u ojivas de la Segunda Guerra Mundial son un peligro para el medio ambiente y la navegación en la costa alemana del mar Báltico, por lo cual el Gobierno destinó 100 millones de euros (117 millones de dólares) para eliminar estos residuos peligrosos.

"La munición obsoleta se está convirtiendo cada vez más en un peligro para el medio ambiente, también para la navegación y para los proyectos de desarrollo de parques eólicos", señaló Andreas Krüger, director general de la Sociedad para la Eliminación de Agentes Químicos de Guerra y Residuos de Armamento (Geka), que pertenece al Estado.

Se estima que unos 1,6 millones de toneladas de munición yacen en el fondo de los mares alemanes. En el mar Báltico se ha documentado al detalle dónde se encuentra cada tipo y qué efectos nocivos son medibles. Solo en la bahía de Lübeck se calcula que hay cerca de 450 acumulaciones.

Proyecto piloto para la eliminación en el mar

La idea del proyecto piloto, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, es eliminar los artefactos en una plataforma autónoma directamente en el mar. "Esto es una ventaja debido a las distancias cortas, no tenemos rutas de transporte por tierra", explicó Krüger. "El proyecto tiene como objetivo mostrar a los países ribereños europeos lo que es posible".

La Geka examinó cuatro cajones con docenas de granadas procedentes de una zona cerca del baleneario de Boltenhagen para investigar cuán peligrosa sigue siendo la munición y cómo el agua salada ha alterado las carcasas a lo largo de los años.

"La munición puede ser mortal si la manejo incorrectamente", explica Philipp Höschele, jefe pirotécnico. "Le tengo un gran respeto", comenta, revelando que trabajar con este material peligroso se ha convertido incluso en una pasión para él.

Los trabajos se llevan a cabo con máscara de protección respiratoria, traje de cuerpo entero y guantes hasta que los artefactos son eliminados en el horno de desactivación, bajo medidas de seguridad altamente estrictas. "Tenemos tal variedad de municiones que nunca nos aburrimos", relata Höschele, para quien granadas, bombas y minas forman parte del día a día.

De cada muestra del mar Báltico se extraen 50 gramos de explosivos, se embalan y se transportan al Instituto Fraunhofer, cerca de Karlsruhe, para realizar análisis más exhaustivos. Allí se determina si las armas se han vuelto más sensibles debido al agua de mar.

Base del Ejército alemán en las cercanías

Al lado de las instalaciones de Geka en Munster, en el estado norteño de Baja Sajonia, el Ejército alemán mantiene su mayor base. Por las amplias calles circulan a diario, junto a los vehículos camuflados, camiones procedentes del estanque de Dethlinger, a solo unos kilómetros de distancia, que transportan numerosas armas químicas antiguas para ser eliminadas.

Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), fueron arrojadas grandes cantidades de municiones, como granadas de gas venenoso y explosivas, al enorme estanque, que posteriormente fue rellenado.