Partidos
La ultraderecha europea se enfrenta al "dilema Trump"
8.02.2026, 15:41
El 14 de febrero de 2025, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, subió al estrado de la Conferencia de Seguridad de Múnich a dar una lección sobre democracia y libertad de expresión a los europeos, algunos de los cuales lo escuchaban con el rostro petrificado.
Vance criticó indirectamente la exclusión del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) de la conferencia y más tarde se reunió en su hotel con su líder, Alice Weidel. Una clara señal.
Desde la intervención de Vance, la AfD siguió trabajando en la ampliación de sus relaciones con Washington. Sin embargo, tras 13 meses del segundo mandato de Trump, también se observan fisuras. Al igual que otros partidos de derecha europeos, la AfD se encuentra en una especie de "dilema Trump".
El discurso de Vance en la última Conferencia de Seguridad se produjo en plena campaña electoral para el Bundestag (Parlamento), y Donald Trump llevaba solo unas semanas de nuevo como presidente de Estados Unidos. La AfD y los republicanos de Trump estaban en plena luna de miel. Para Weidel, Trump era un modelo a seguir.
Representantes de la AfD viajaron a Washington para la toma de posesión y el entonces estrecho colaborador de Trump, Elon Musk, promocionó intensamente a la AfD a través de su plataforma X. Con las elecciones de finales de febrero de 2025, la AfD duplicó su fuerza en el Bundestag.
La AfD vuelve a participar en la Conferencia de Seguridad
Este año, la AfD ha vuelto a ser invitada a la conferencia de Múnich. El director del evento, Wolfgang Ischinger, argumenta que no se puede excluir al mayor grupo de oposición en Alemania. "En ningún momento ha habido ninguna declaración por parte de ninguna fuente estadounidense en el sentido de 'tienen que invitar a la AfD de alguna manera'". Sin embargo, tras la intervención de Vance, esto ya no parecía ser necesario.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se posicionó abiertamente del lado de la AfD y criticó el trato que le había dado la Oficina Federal para la Protección de la Constitución alemana, después de que esta la clasificara públicamente como extremista de derecha. Posteriormente, la autoridad retiró esta clasificación debido a un litigio en curso con la AfD.
En su nueva estrategia de seguridad publicada en noviembre, el Gobierno estadounidense también dejó constancia indirectamente por escrito de las fuerzas a las que apoya en Europa: una de las prioridades es fomentar la resistencia contra el rumbo actual de Europa dentro de los países europeos, se lee en el documento.
En cuanto al contenido, los partidos de ultraderecha en Europa y el movimiento MAGA ("Make America Great Again") de Trump coinciden en muchos puntos: contra una supuesta hegemonía de la opinión de izquierdas en las democracias occidentales, contra los medios de comunicación establecidos, contra la migración y la política climática, contra de la UE y otras instituciones supranacionales en su forma actual, contra una supuesta política cultural y social "woke" y, sobre todo, a favor de una defensa agresiva de los intereses nacionales.
El dilema Trump
Pero, este último punto pone ahora en apuros a la AfD y a otros entusiastas europeos del MAGA. Cuanto más brutalmente defiende el presidente estadounidense los intereses nacionales, más puede ello ir en contra de los intereses nacionales o las ideas de política exterior que, según afirman los partidos de ultraderecha, ellos representan mejor en Europa.
"No somos admiradores incondicionales de Trump, no nos parece genial todo lo que hace", declaró recientemente el primer secretario del grupo parlamentario de la AfD, Bernd Baumann.
La AfD tampoco quiso elogiar la política arancelaria de Trump con respecto a la economía alemana. La líder del partido, Weidel, la criticó como demasiado agresiva.
Y tras la acción militar contra Venezuela y las amenazas a Groenlandia, en la AfD se habló de métodos del Salvaje Oeste. Trump incumplió su promesa electoral de no interferir en otros Estados, alegaron desde el partido.
En Washington se tomó nota de ello: George Weinberg, representante de los republicanos en el extranjero, declaró a "Welt TV" que oponerse ahora a la Administración estadounidense era una estupidez. "Han hecho mucho daño y no sé cómo piensan repararlo", dijo en referencia a las críticas.
Una mirada al vecindario europeo
En Francia, el partido nacionalista de derecha Rassemblement National (RN) de Marine Le Pen se distancia de Trump, aunque con cautela, ya que la agrupación sabe que muchos de sus seguidores están fascinados con el presidente estadounidense. Con su demanda de un retorno de las naciones, Trump ha defendido una visión similar a la del RN, según el partido. Pero al ignorar hoy el derecho internacional, afirman en RN, está yendo demasiado lejos.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, es considerada una de las jefas de Gobierno europeas con mejor relación con Trump. Por un lado, mostró comprensión por los intereses de seguridad de Estados Unidos con respecto a sus reivindicaciones de propiedad sobre Groenlandia. Pero, por otro, calificó de error la amenaza arancelaria de Trump. "Por supuesto, no comparto esta posición", afirmó Meloni con inusual claridad.
En Gran Bretaña, el populista de derechas Nigel Farage, cuyo partido lidera las encuestas desde hace aproximadamente un año, aspira a mantener una estrecha relación con Trump. Farage, defensor del Brexit, se jacta de haber sido recibido en repetidas ocasiones por Trump, quien elogió expresamente la salida del Reino Unido de la UE. Sin embargo, también en Gran Bretaña se plantea la cuestión de si una proximidad excesiva a Trump podría perjudicar al partido. Tras las amenazas del presidente estadounidense con respecto a Groenlandia, Farage intentó distanciarse.
El presidente conservador de derecha de Polonia, Karol Nawrocki, no oculta su admiración por Trump. El partido opositor PiS, que apoya a Nawrocki, también se muestra alineado con el movimiento MAGA. Pero las encuestas muestran que muchos polacos no están de acuerdo con la política de Trump. En particular, su postura favorable a Rusia causa extrañeza en un país que es uno de los aliados más cercanos de Ucrania.
Las despectivas palabras de Trump sobre las tropas de la OTAN en Afganistán provocaron además indignación en Polonia, que perdió 44 soldados en esa misión. Por primera vez, el líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, expresó públicamente sus críticas: "Donald Trump tiene la lengua muy suelta", lo reprendió.